Enero tiene fama de mes cuesta arriba. El frío se cuela en la cocina, el cuerpo pide platos reconfortantes y la despensa parece repetirse más de la cuenta. Pero hay algo estimulante en este momento del año: bajar el ritmo, mirar con atención lo que ya tenemos y preguntarnos qué más puede dar de sí. Porque la buena cocina no siempre nace de la novedad, sino de la curiosidad. Y a veces, la chispa está en un frasco de aceitunas esperando su turno en la estantería.
No hablamos hoy del gesto sencillo —y glorioso— de servirlas en un cuenco para el aperitivo. Hablamos de ir un paso más allá. De jugar. De transformar ingredientes cotidianos en pequeños descubrimientos que cambian un plato sin complicarlo. Una especie de alquimia doméstica, sin bata blanca ni fórmulas imposibles, pero con mucho sabor y sentido común. Por ello, hoy te traemos 3 trucos con Aceitunas Fragata:
1. Mantequilla de Aceitunas verdes aliño extremeño: tradición que se unta
Empecemos con algo que rompe moldes. La mantequilla de hierbas está bien, pero si lo que buscas es despertar el paladar, tenemos que hablar de las Aceitunas verdes Verdial con hueso partidas Fragata aliñadas al estilo extremeño. Estas joyas llevan ajo, limón, especias y ese puntito de cayena que te alegra el día.
Para esta elaboración, necesitamos mantequilla de buena calidad en punto pomada (con esa textura cremosa que se consigue dejándola a temperatura ambiente). El proceso es un ejercicio de paciencia que merece mucho la pena: hay que deshuesar las aceitunas y picar su carne con mimo. Al estar partidas y aliñadas, conservan toda la potencia del adobo tradicional. Mezcla la mantequilla con la carne de las Verdial y un poquito de su propio aliño. El resultado es una emulsión vibrante, ligeramente picante y profundamente aromática. Si se unta sobre una rebanada de pan caliente o se deja fundir sobre unas verduras asadas, el sabor se multiplica. Es una forma sencilla de llevar la tradición del campo a un bocado sofisticado y lleno de carácter.
2. Polvo de aceitunas negras sin hueso: el umami que no sabías que necesitabas
En el fondo de muchos frascos siempre quedan aceitunas rezagadas. Lejos de ser un problema, ahí empieza uno de los trucos más agradecidos de la cocina de aprovechamiento: el polvo de aceituna. Basta con unas aceitunas negras Fragata sin hueso, deshidratarlas lentamente en el horno a baja temperatura. Sin prisas. El calor hace su trabajo y concentra el sabor.
Una vez secas y frágiles, se trituran hasta obtener un polvo fino y oscuro. Lo que sale de ahí es pura intensidad: salinidad equilibrada, profundidad, umami. Espolvoreado sobre una crema de verduras, mezclado con queso fresco o como toque final en una ensalada de tomate, transforma el plato sin necesidad de añadir nada más. Es discreto, pero deja huella. Cocina sencilla con un punto inesperado.
3. La salmuera como ingrediente secreto
LLlegamos a la parte más sostenible y sorprendente de nuestra alquimia. El líquido que acompaña a las aceitunas, la salmuera, no es un subproducto que deba terminar en el fregadero. Es un caldo que ha absorbido el aroma de la aceituna y la sabiduría del aliño durante meses. Quien cocina con conciencia sabe que aquí hay un tesoro. Si te gusta el ritual del vermut, añade un chorrito de esta salmuera bien fría al vaso. Ese toque salino y ácido le da una estructura nueva y fascinante.
Pero la cosa no acaba ahí. Úsala para enriquecer el agua de cocción de unas legumbres, para marinar un bloque de tofu o para desglasar una sartén donde acabas de saltear unos champiñones. La salmuera recoge los jugos y crea una salsa instantánea con una complejidad que nadie lograría solo con sal y agua. Es el alma líquida de la aceituna trabajando a favor de tu creatividad.
Cocinar en enero con curiosidad
La cocina de invierno no tiene por qué ser monótona. Enero invita a mirar la despensa con otros ojos, a cocinar sin prisa y a disfrutar de los pequeños gestos. Las aceitunas Fragata funcionan aquí como hilo conductor: conectan la herencia del sabor con una forma actual de cocinar, más consciente, más respetuosa y sin desperdicios.
Una mantequilla con chispa, un polvo intenso y una salmuera bien aprovechada no son grandes técnicas, pero sí decisiones que cambian el día a día. Pequeñas alquimias que convierten lo cotidiano en algo memorable, sin perder la sencillez.
Al final, cocinar bien no va de complicarse, sino de escuchar al producto y dejarle espacio para contar su historia.
¿Cuál de estos trucos te apetece probar primero en tu cocina este invierno?






