Andalucía, tierra de olivos

Cierra los ojos y deja que tu mente te lleve por los paisajes andaluces. ¿Estás viendo grandes campos de olivares? No podía ser de otro modo: Andalucía es, desde tiempos inmemoriales, tierra de olivos, de almazaras, de artesanos del aceite y, por supuesto de exquisitas aceitunas. ¿Qué tienen de especial las regiones andaluzas para ser un paraíso del olivo? Te invitamos a descubrirlo con nosotros.

El cultivo del olivo andaluz, una tradición de muchos siglos

Cuando recorrimos la historia de las aceitunas ya vimos que fueron las civilizaciones antiguas las primeras en cultivar el árbol del olivo. Pero fue a partir de la expansión del Imperio Romano cuando los olivares empezaron a dominar los territorios de la provincia de la Bética, que corresponde, aproximadamente, a la actual Andalucía.

Trigo, vid y olivo eran la base de la alimentación de los pueblos mediterráneos y los romanos supieron aprovechar las condiciones de la tierra para aprovecharlos al máximo.Las aceitunas ya era un producto muy valioso y apreciado por todas sus cualidades, por lo que se multiplicaron las plantaciones de olivos en el sur de la Península Ibérica. Miles de ánforas y vasijas repletas del fruto y también de aceite viajaban hasta Roma y otros rincones del Imperio por vía marítima, partiendo de las riberas del Guadalquivir.

Mucho cambiaría la historia de nuestro país a lo largo de los dos mil años siguientes, pero el paisaje andaluz quedó ya configurado para siempre. Todas las culturas que han habitado estas regiones han sabido sacar partido del olivo, convirtiéndose en todo un icono y parte de su identidad.

¿Qué tiene de especial esta tierra?

Aunque nuestro país es líder en la produccción de aceite y aceituna de mesa, la gran mayoría de los olivares se concentran en Andalucía. Los romanos demostraron ser muy inteligentes estableciendo aquí los cultivos, ya que es una tierra ideal para que los árboles crezcan sanos y fuertes, asegurando una buena cosecha.

El olivo es muy resistente, capaz de adaptarse a los terrenos más secos, ya sea en plantaciones de secano como cuando se han introducido técnicas de regadío. El sur peninsular presenta un clima mediterráneo suave, con temperaturas cálidas a lo largo de todo el año, sin grandes heladas ni alteraciones bruscas, lo que favorece el correcto desarrollo de sus frutos.

Las lluvias son menos frecuentes que en el norte del país y normalmente se concentran en temporadas concretas. Esto asegura una fertilidad de la tierra constante, sin acumular encharcamientos que podrían estropear las raíces. Las abundantes horas de sol y los suaves vientos procedentes de la costa favorecen el crecimiento de los olivares, que lucen verdes todo el año creando un paisaje de gran belleza natural.

La importancia del cultivo del olivo

Parece que Andalucía estaba destinada a ser la tierra por excelencia del olivo y de la aceituna. A las condiciones naturales y climáticas hay que sumar el buen hacer heredado después de tantos siglos de una tradición milenaria, convirtiendo su cultivo en uno de los ejes económicos de estas regiones.

La cuenca alta del río Guadalquivir concentra la mayor superficie dedicada a estas plantanciones, dedicadas sobre todo a  la elaboración de aceite. En la zona occidental andaluza, especialmente alrededor de la ciudad de Sevilla, destacan los olivares destinados a la producción de aceituna de mesa, como todas las variedades que Fragata lleva produciendo desde hace generaciones.

Antiguamente al viajero no le hacía falta ningún mapa o GPS para saber que estaba llegando al sur: la aparición de los infinitos olivares eran una señal inconfundible. Y hoy, muchos siglos más tarde, el paisaje natural permanece casi idéntico, fiel a la tradición. Andalucía, olivos y aceitunas siguen formando una unión inseparable clave en nuestra gastronomía.

 

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